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20 May
36 kms. al este de Roma, por la carretera SS5 llegaremos a uno de los sitios históricos de la capital italiana, el Tívoli, el antiguo Tibur, desde donde el emperador Adriano gobernó el mayor imperio del mundo en sus dos últimos años de vida. Hasta allí hubo de trasladarse toda la corte romana para que Adriano desde su suntuosa villa pudiera gobernar.

Y es precisamente esa villa romana de Adriano una de las principales visitas que podemos hacer en el Tívoli. Edificada en el año 126, la villa tiene 100 hectáreas de terreno, y en ellos había antiguamente varios palacios, dos teatros, dos termas y varias bibliotecas, aparte de jardines y estanques. Todo construido bajo el estilo griego del que tan amante era el emperador. De aquella maravillosa villa aún se mantienen algunas cosas, como por ejemplo parte de las magníficas obras de arte que se hizo traer desde Roma, y que hoy día se exhiben repartidas por todos los museos de Europa.
Las ruinas de Canopo en esta villa de Adriano también resultan muy vistosas, pues consiste en un enorme estanque ovalado cuyo estilo se asimila al de la villa egipcia del mismo nombre. Circundando al estanque hay columnas y estatuas copias de las original, como copia es el templo egipcio de Serapis que también se encuentra allí. Muy cercano se encuentra el canal localizado entre un camino de columnas clásicas por donde supuestamente el emperador solía pasear cuando necesitaba tomar decisiones importantes. La villa de Adriano fue declarada años atrás como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Hipólito d’Este, siglos después no quiso ser menos y se construyó otra magnífica villa a apenas cinco kilómetros de donde se encuentra la villa de Adriano. Construida sobre un convento, la mansión que se levantó resulta fasutosa y espléndida, con altísimos techos pintados en fresco y grandes ventanales que se abren a los valles del Lacio. La villa d’Este data del año 1550, cuando el cardenal D’Este (por cierto, hijo menor de Lucrecia Borgia) fue nombrado gobernador del Tívoli. Pero la mejor visita de esta villa son, sin duda, sus jardines, que son también uno de los Patrimonios de la Humanidad de los que puede presumir Italia: mármoles por todos lados, canales, estanques, un claro y fresco ruido de aguas y naturaleza que nos hará sentirnos en la gloria, donde destaca la avenida de las cien fuentes, que nos ofrecen hasta cien chorros de agua que salen de las bocas de cien leones tallados en roca.

Por último, la villa gregoriana que debe su nombre al Papa Gregorio XVI conforma un frondos parque de exuberante vegetación surcado por un río que cruza un enorme cañón de 60 metros de profundidad para, finalmente, caer desde 120 metros de altura. Es la Grande Cascata.
Una visita por el Tívoli nos reportará una buena dosis de historia, y nos hará conocer un poco mejor el lujo de dos épocas bien distintas pero muy importantes en la Historia de Roma.
Fuente: locuraviajes.com
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