Guadalupe es hoy día el segundo lugar más visitado de toda Extremadura, tras Mérida. Su carácter religioso se respira desde incluso antes de entrar en la población pues por los caminos de acceso encontramos continuos peregrinos que se dirigen hacia el que es el monumento más emblemático de toda Guadalupe: su impresionante Monasterio.

El Monasterio de Guadalupe

Guadalupe vivió un siglo XIX muy agitado por los asaltos de las tropas napoleónicas y por las leyes de exclaustración que obligaron a que los frailes jerónimos tuvieran que abandonar el Monasterio en el año 1835. Sin embargo, el año 1908 marcó su actual desarrollo cuando los franciscanos se hicieron cargo de custodiar la Virgen de Guadalupe. En 1983, el apoyo del gobierno extremeño ha supuesto el empujón definitivo para que Guadalupe se haya convertido en un centro de peregrinación que le ha valido, finalmente, que fuera galardonada por la Unesco como “Patrimonio de la Humanidad”.

Pero Guadalupe no es sólo el Monasterio pues sus estrechas callejas de sabor rural y olor a pasado ocultan rincones realmente bellos y sugestivos, como son las calles porticadas que entran a la plaza del Monasterio.

Una panorámica de Guadalupe nos dará la idea perfecta de lo que es este pueblo; una ciudad que vive para un Monasterio y su Virgen.

Acercaos, paseadlo y disfrutadlo saboreando algunos de los típicos productos extremeños, como los jamones ibéricos de La Dehesa, las cerezas del Valle del Jerte o el queso para untar conocido como “Torta del Casar“. Si estás cansado de los hoteles en la costa del sol, sin duda, es una muy buena alternativa de turismo por España.
via locuraviajes.com