Bilbao, cuando la suerte te acompaña
Cierto es que San Sebastián es una ciudad bella, con clase, con una preciosa playa que despierta sensaciones únicas, con unos restaurantes de pinchos que, pese a costar cinco euros por pieza, merecen la pena.

Nadie duda de los grandes atractivos de Donosti, pero no por ello hay que desmerecer a Bilbao. Ciudad industrial y de pueblo trabajador, Bilbao ha sabido renovarse y, con el paso de los años, se ha convertido en un destino turístico en alza.
Todavía existen quienes opinan que Bilbao es una ciudad gris, incluso triste, y la asemejan a la sensación de muchas ciudades inglesas. Un servidor y muchos otros visitantes de la ciudad bilbaína podrán secundarme en la opinión de que Bilbao es una urbe con muchísimos atractivos.
Por lo menos, eso es lo que pude comprobar en un único día de visita. Quizá la razón fue que la suerte me acompañó y todo lo que vi me resultó positivo, pero más bien diría que era el auténtico Bilbao de los tiempos de hoy.
Alojado a 30 minutos de la ciudad, muy cerca de Gernika -por cierto, recomiendo encarecidamente la casa rural Elizetxe, austera y tranquila, en la localidad de Errigoiti, en lo alto de una colina-, llegué a Bilbao con la incertidumbre de lo que me iba a encontrar.
Para empezar, el día estaba soleado, con lo cual muchos de los tópicos que había escuchado se fueron al traste. Y, acompañando a mi supuesta fortuna, me planté en unos minutos en el museo Guggenheim, una de las visitas más recomendadas de la ciudad.
El museo cuenta con exposiciones cambiantes y otras salas prácticamente fijas. Diría que es casi imprescindible alquilar la audioguía, pues con ella podrás conocer, por ejemplo, por que tiene la forma que tiene el museo, sus interiores, así como la explicación de sus exposiciones y obras de arte.
Además, la visita no se te hará en absoluto larga. En medio de la mañana, si lo deseas, puedes salir a tomar aire antes de finalizar el recorrido. Y, ¿qué me dicen del perro llamado Puppy que se encuentra fuera del Guggenheim? Está elaborado con flores naturales que se riegan desde su interior. En sus inicios iba a ser temporal, pero se ha convertido en uno de los emblemas del museo y se ha acabado por instalar definitivamente.
Pero Bilbao es mucho más, y la suerte siguió en el camino. Pasear a pleno sol junto a la ría es otro de los placeres de la ciudad. Así, desde el Guggenheim hasta el casco histórico podremos incluso broncearnos en un buen día. Y, como todo casco histórico, Bilbao cuenta con calles estrechas, tiendas de toda la vida, bares y restaurantes con la gastronomía típica, los pinchos, buen vino y buena gente.
Después, la tarde puede seguir con la vista a los edificios más interesantes. La Catedral de Santiago es uno de ellos, no tan grande como la mayoría de catedrales españolas y con un muy marcado estilo gótico.
Otro lugar emblémático de la ciudad es el Teatro Arriaga, de 1890, ahora con un aspecto realmente antiguo y atractivo por su inmensidad.
En el barrio de Deusto me sorprendió gratamente la Universidad, de la que conocía su fama por el buen nivel de estudios que se ofrece, pero no su belleza arquitectónica.
Y, para finalizar el día, vayamos a la parte más moderna o cosmopolita de la ciudad. La Gran Vía, los parques bien cuidados como los de Europa o la Encarnación o los centros comerciales de la zona más comercial muestran la modernidad de Bilbao que en muchas ocasiones se niega o desconoce.
Quizá la suerte me acompañó, pero todas y cada una de las sensaciones que tuve durante mi único día de visita a Bilbao fueron suficientemente buenas como para desear volver y ver todo lo que me dejé en el camino. Y eso que no decidí alojarme en la ciudad, pues hay ofertas de hoteles baratos en Bilbao que he encontrado después.
Y muchas opiones parecer apoyar las de un servidor. He aquí un turista con sensaciones muy similares: “Bilbao es una gran ciudad que ha sufrido una enorme transformación en los últimos años y que ha hecho de Bilbao una ciudad moderna, limpia y habitable. Lo más destacable actualmente es el Gugenheim Bilbao Museoa, que ha conseguido él sólo, que Bilbao sea conocido internacionalmente no sólo por su siderurgia y el Athletic sino por esta fenomenal obra de la arquitectura moderna y que ha atraído a cientos de miles de visitantes a la ciudad. Hoy en día ya es posible pasear junto a la ría de Bilbao sin que eso suponga un grave riesgo para la salud, como ocurría hasta hace unos años”.
Y es que los tópicos están para romperlos, y las bellas ciudades como esta para visitarlas. Bilbao y San Sebastián son sólo una pequeña muestra de una maravilla llamada País Vasco, al que muchos deseamos volver en cualquier escapada que se nos presente en los próximos meses.
De una ciudad a la otra hay una hora, y entre ellas pueblos preciosos de la costa como Zarautz -donde el conocido cocinero Karlos Arguiñano tiene la casa y la cocina de sus programas de verano, aunque no es el principal atractivo del pueblo-, Gernika u otros muchos pueblos de la costa vasca. El verde siempre presente, y una población de lo más hospitalaria para recibirte con lo brazos abiertos. ¿Para cuándo tu próximo viaje?
Fuente: dondeviajar.es